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¿Qué PROGRAMAS desarrolla?. Programa de voluntariado  

"Cuidar del otro es un concepto que bien podría encontrar su origen en el principio de la humanidad, cuando el hombre ni siquiera tenía la noción del Estado como ente regulador del orden y mucho menos podía imaginar que llegara a desarrollar un sistema de protección social. Fue posteriormente, la cultura judeo cristiana quien asumió la protección social como propia. Ahora bien, cuando ésta era ejercida a través de la Iglesia, obras pías, órdenes monacales y congregaciones se denominaba caridad. Mientras que, si se realizaba entre parientes, vecinos y gremios, pudiera considerarse como de ayuda solidaria. Sin embargo desde la perspectiva de la realidad voluntaria, no se producen discriminaciones. Es indiferente cuáles sean las motivaciones de los colaboradores, las situaciones sociales en las que intervienen, en dónde se desarrolla la aportación y quiénes son los agentes que lo realizan, ya que todos ellos encuentran su sentido dentro del concepto voluntario.

El cambio importante de mentalidad se produjo en el siglo XVIII, cuando se empezó a ver en la figura del mendigo un problema social, un estorbo para el desarrollo económico del país y por lo tanto había que castigarlos y no ser objeto de caridad o limosna. Una de las consecuencias importantes de este cambio se concretó en la disminución de las limosnas que los feligreses donaban a la Iglesia, para hacer obras de caridad. Además, durante ese período de tiempo el Estado procedió a desamortizar los bienes eclesiásticos y por consiguiente, desde el punto de vista histórico, fue entonces cuando finalizó la etapa tradicional de ayudar al pobre necesitado. A partir de ese momento las situaciones de pobreza se fueron vinculando a la situación laboral de las personas. De tal forma, que aquellos que no estaban incorporados al mundo laboral (niños, enfermos, inválidos y ancianos) quedaban excluidos de los precarios sistemas de protección social que había, teniendo que vivir en situación de miseria y riesgo existencial permanente, además de quedar a expensas exclusivamente del voluntariado de la iniciativa privada.

Hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para que el Estado interviniera. No obstante, con la intervención pública la beneficencia se estabilizó, fundamentalmente con la creación de la Dirección General de Beneficencia y Sanidad (1847), Ley de Beneficencia (1852) y Ley de Sanidad (1855). Pero debido a la insuficiencia de los recursos y mediocridad de las prestaciones sociales ofrecidas, fue nuevamente la Iglesia quien ocupó el lugar más significativo respecto a la provisión de protección social para los más necesitados. Posición que aprovechó para catequizar a la población española. Este proceso culminó a finales del siglo pasado con la Ley de Asociaciones (1887) que favoreció que aumentaran considerablemente, la cantidad de grupos religiosos que practicaban la caridad y seglares que se dedicaron a la asistencia social.

Para disponer de un sistema más completo de cobertura de servicios sociales, los españoles tuvimos que esperar en primer lugar a que se publicara la declaración de los Derechos Humanos (1948) y luego a que se desarrollara el sistema de Seguridad Social íntegramente en nuestro país (1975-1983). Es decir, el Estado de Bienestar es para nosotros un logro, una conquista social reciente. Esta evolución histórica permite reflexionar sobre el cambio que se ha producido respecto al tratamiento que ha dado a la pobreza y marginación en cada momento, y tomar conciencia de que hasta hace tan sólo unas décadas las capas sociales más débiles estaban a merced de la beneficencia más o menos organizada de la sociedad civil.

En la actualidad, el estado de bienestar reconoce los derechos de sus ciudadanos y debe garantizar la cobertura y atención de las necesidades básicas propias de la dignidad de la persona, mediante la provisión de servicios sociales públicos o privados para satisfacerla. Ahora bien, los gobiernos tienen dificultad para atender esas crecientes demandas de bienestar que solicitan los ciudadanos, debido fundamentalmente al incremento de los costes de los bienes y servicios que tienen que ofrecer a una población que cada día está más envejecida y que aumenta el consumo potencial de protección social. Ante esta realidad, los políticos colaboran, exentos de altruismo, en la búsqueda de los recursos para atender esas necesidades sociales. La respuesta parece que la han encontrado en el voluntariado, como colectivo significativo en la provisión de servicios sociales que dispone de un abundante yacimiento de recursos humanos sin valor de cambio. Por consiguiente, desde instancias públicas se fomenta el voluntariado y desde el legislativo se pretende ordenar, dirigir y controlar su valor de uso."

Fredesvinda Mérida
Licenciada en Económicas y Doctora en Sociología
Publicación Revista PASOS, nº 8

Desde la asociación ASPAYM Principado de Asturias se presta un servicio de voluntariado a los socios, en tareas tales como:

  • Acompañamiento-salidas (gestiones, etc.).

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